domingo, 3 de marzo de 2013

¿Tiene edad la sexualidad?



Situación 1

Una madre vino asustada a mi consulta diciendo que su hijo de dos años había tenido una erección, que si era normal, que estaba muy preocupada porque no sabía si eso era signo de perversión sexual.

Análisis de la situación:

Lo que no sabía la madre es que lo que no era normal era su visión de las cosas, que veía anormalidad en su hijo cuando la propia vivencia de la sexualidad es un proceso natural, evolutivo y símbolo de desarrollo. Posiblemente dado que ella no tenía una vivencia natural de su sexualidad pensó que la excitación de su hijo era algo enfermizo. Pero el problema no estaba en la erección de su hijo sino en la mente ignorante de la madre.

Situación 2

Una profesora de 65 años conoce en un congreso a otro profesor de 35 años con el que comparte un equipo de trabajo en un debate. Tras tres días de intercambio siente que  desea sexualmente a quien es más joven que ella pero considera que debe alejarse de él porque la relación sería imposible debido a la diferencia de edad.

Análisis de la situación:

¿Es una vieja verde la señora para ti? ¿Por qué ha de abandonar la posible vivencia de que se siente atraída por alguien más joven que ella? La propia mujer tiene en la cabeza un esquema de normalidad que le hace sentirse culpable de lo que desea cuando es cierto que lo desea. ¿Están reñidos el sexo con la edad cuando ambas personas son adultas? Lo peor que podría pasar es que ella le exprese a él que lo desea y que él le diga que no es mutua la atracción. Pero el problema es que nuevamente aparece el tema de la supuesta normalidad ante la vivencia del deseo sexual. 

Moraleja: en cuestiones de sexo lo normal no explica nada 

Siguiendo los casos anteriores, con la idea de querer ser normales los padres pueden entran en contradicción con el proceso natural y evolutivo de la propia sexualidad de sus hijos. Y las personas mayores pareciera que entonces no pueden desear libremente salvo con gente de su edad o si no, prescindir del sexo.

Por lo tanto, otro aspecto asociado a que la sexualidad es un tema comprometido es el de la edad. Igual que no dudamos que los niños respiren cuando son niños o que tengan hambre porque están vivos ni dudamos que los ancianos –aunque sean personas mayores- siguen usando sus pulmones para inspirar el aire y tienen hambre como cuando eran niños, ¿por qué dudamos –o incluso negamos- que los niños o las personas mayores tengan sexo? Socialmente la sexualidad parece haberse relegado a una edad determinada: ¿entre 18 y 50 quizás?… A quien tiene sexo más allá de los 60 los libros y manuales de psicología le dedican poco espacio. Incluso –como he indicado antes- tenemos connotaciones sociales sobre los viejos verdes, aquellos señores (porque hablar de viejas verdes es más extraño, ¿no?)[1] que van con chicas más jóvenes que ellos o aquella expresión que dice se te ha pasado el arroz, como si hubiese un determinado momento para usar el sexo. Y ello no quita que la sexualidad en personas mayores pueda expresarse sin recurso a la genitalidad, sino de forma más global o sensitiva.

Una explicación de por qué se dan estas situaciones es el hecho de asociar exclusivamente sexo a tener hijos (a la reproducción). Con lo cual sucede que, como ni los niños ni los ancianos pueden reproducirse, entonces el sexo es algo extraño en ellos. Pero esto es sólo una cuestión de creencias, cosas que los grupos humanos dan como bueno o malo en un momento histórico y que no tiene por qué ser así.


[1] Desde mi punto de vista este dato apoya el enorme sexismo de nuestra cultura que establece estereotipos en el uso sexual de hombres y mujeres y vemos más habitual lo que el hombre se permite vivir pero no tanto lo que se permite la mujer.

Fuente: Mentiras del Sexo