miércoles, 3 de abril de 2013

La Duda Patriótica

Escribo esto después del partido de futbol de México ante Estados Unidos y con el recuerdo de aquella vez que nos sacaron del mundial, y me pregunto si haber nacido en este territorio me obliga a “irle” a un equipo que no sabe jugar al futbol. Esto se puede ampliar a cualquier ámbito y englobarlo en una sola pregunta: ¿haber nacido en México me obliga a ser orgullosamente mexicano? Aquí es donde los patrioteros me tildan inmediatamente de vendepatrias o malinchista; la respuesta parecería obvia: lo correcto es estar orgulloso de México.

Argumentos hay muchos: aquí es donde naciste (mero accidente del azar), es a donde perteneces (sólo me pertenezco a mí mismo), esto es lo que eres (yo soy sólo lo que hago de mí mismo)…, pero el mejor y más terrible de todos me resulta el falaz mito de la identidad, orgullosamente mexicana.

¿Por qué falaz?; antes que nada porque, hasta antes del Porfiriato, nadie fue orgullosamente mexicano; el concepto era inexistente, la identidad simplemente no estaba construida. Un Botón: en la guerra contra Estados Unidos, varios Estados de la República (Yucatán, Puebla, San Luis Potosí entre otros) se declararon neutrales. Difícilmente puedo imaginar su orgullo nacional.


Durante dos décadas  de masacre revolucionaria, es dudoso que ese sentimiento existiera, y de hecho el orgullo de ser mexicano se lo debemos a los artistas que nos dieron patria; ya que fue el apoyo del cardenismo al muralismo y al cine, lo que generó una identidad, bastante falsa, pero identidad finalmente, que hizo que por vez primera el mexicano fuera mexicano. Tan buena fue la estrategia que continuó más allá del cardenismo.

Cárdenas ordenó plasmar su visión de la revolución, su lucha de clases al estilo azteca contra gachupín y proletario contra obrero, en las paredes importantes del país. Llegaron los primeros rasgos de identidad: somos revolucionarios, vivimos en eterna lucha, todo tiempo pasado fue mejor, nos sentimos aztecas conquistados y estamos traumados por la conquista.

Cuando a las pinturas se les sumó el cine llegaron los segundos rasgos: el campo es un lugar maravilloso, todos somos charros cantores, grandes conquistadores de mujeres, somos fuertes, machos y bragados (como toros), tomamos tequila, cantamos con mariachi y veneramos a la madre mexicana rayando en el endiosamiento; al estilo en que los “Tres García” veneraban a Sara García, o el macho, patán, desobligado, parrandero, mujeriego y jugador, representado en Don Cruz Martínez Treviño de la Garza (la oveja negra), que veneraba a su “Vivianita” aunque la que encornaba cada noche.

La duda no me deja en paz: ¿esta identidad es algo bueno para el mexicano? Es una maravilla para un parque temático desde luego, y para irnos de parranda al Tenampa y chupar junto a Pedro Infante y Jorge Negrete…, pero ¿somos eso los mexicanos?, ¿es bueno ser eso?, ¿eso debe generar orgullo? Desde luego que tuve que preguntar, y evidentemente las respuestas me sumieron en la depresión de ver que no tenemos camino.

Me dediqué a preguntar, en todas las aulas de gente ilustrada donde doy Historia de México, si se sentían orgullosos de ser mexicanos; lo que desde luego me enfrentó a un SI unánime. De inmediato pregunte, ¿por qué?, ¿qué te hace sentir orgulloso (a) de México? Silencio fue la respuesta, y poco a poco fueron surgiendo, titubeantes,  las clásicas respuestas: nuestra historia, nuestro pasado, nuestras bellezas naturales, nuestras playas, nuestro folclor, nuestra cultura, y desde luego que no pudo faltar: nuestros valores.

Nuestra historia ya fue, es cosa del pasado, y la mayoría de los mexicanos no la conocen bien, tienen tan solo retazos caricaturescos de nuestra historia; nuestro pasado…, nosotros no hicimos ni Teotihuacán ni el Templo Mayor, por lo que no deben ser nuestro orgullo, nada hay de glorioso en el siglo XIX, menos aún en la revolución, y un repaso del siglo XX tampoco deja buenos resultados…¿de qué pasado, que sea un verdadero logro, podremos estar orgullosos?, eso independientemente de que al mexicano le urge dejar de vivir en el pasado, su rincón favorito.

El orgullo debe sentirse ante los logros, las superación hacia otros o la superación sobre uno mismo; y con eso como base, seguí, y sigo cuestionando el orgullo de ser mexicano. Hay que decir que nuestras bellezas naturales y nuestras playas no son logro nuestro…, ahí estaban, y de hecho nos las acabamos día con día, ¿qué orgullo hay ante eso?, pasa igual con el folclor y las tradiciones, independientemente de que cada país tiene un interesante folclor. Pero el mejor de todos: nuestros valores, y por encima de todos, los familiares. Veamos eso:

Dos de cada tres matrimonios se divorcian, altos índices de infidelidad, machismo…, enseñado por las mujeres, violencia intrafamiliar, embarazos adolescentes, consumo de drogas desde los quince años, niños fumadores, pederastia dentro del hogar, hijos holgazanes que siguen bajo el techo de mami hasta los 40 años… ¿valores?: primeros lugares en corrupción, en piratería, en robo de señal de cable, en delitos cibernéticos, en fraudes, en violencia, en crimen organizado, en secuestro. País de individualistas a los que sólo importa su bienestar. ¿Eso es para estar orgullosamente mexicano?

Algunos citan como orgullo a Octavio paz…, finalmente del pasado, o a Lorena Ochoa, logro individual, mismo caso que el de Soraya, cuyos logros olímpicos fueron a pesar de México y no gracias a él…, el astronauta mexicano, que sólo pudo serlo por irse a Estados Unidos; el país al que huye el talento, porque ahí se valora y se paga.

La duda es la base de todo conocimiento y por lo tanto de todo progreso. Al mexicano le urge dudar y cuestionar en lugar de simplemente comprar frases patrioteras. Nos urge dudar de México y cuestionarlo; preguntarnos si por el accidente geográfico de haber nacido aquí, tenemos una especie de obligación por sentir orgullo de un país que muestra su peor decadencia.

Sólo la duda lleva al conocimiento, sólo dudar nos podrá llevar tal vez a algo mejor que lo que tenemos hoy día. El que piensa que lo sabe todo es un ignorante que además nunca va a aprender nada; del mismo modo, el que sin duda o cuestionamiento simplemente manifiesta su patriotero orgullo de ser mexicano, es de los que condena a nuestro México al estancamiento.

Si la gente lectora, culta, de estudios y conocimientos no se atreve a plantearse la duda patriótica, este país se quedará sin esperanza; mientras la clase media ilustrada, por pequeña que sea, se mantenga en la ceguera ideológica patriótica  de pensar que hay motivos para ser orgullosamente mexicanos, México simplemente se quedará exactamente como está hoy. Entonces planteo la pregunta de forma distinta: ¿te gustaría que México siguiera siendo en el futuro como es hoy? Sin buscar en el pasado, sin tomar logros prestados, sin escondernos en los aztecas o escudarnos en la conquista, sin Chichen Itzá o Teotihuacán, que simplemente nos los encontramos.

Dicen que el primer paso parta curar enfermedades como el alcoholismo, es aceptarlo. Nuestro país a veces parece estar embriagado de sí mismo, de patriotismo insulso; por eso es vital preguntarnos, sin pasiones y con lógica; en qué hemos superado a otros países, o a nosotros mismos: ¿qué te hace sentir, hoy, orgullo de México?

Juan Miguel Zunzunegui