lunes, 18 de marzo de 2013

Caos Cuántico - Juan Miguel Zunzunegui


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El engaño atómico.

¡Qué fácil era la vida cuando las leyes de Newton eran universales! Hasta el siglo XX toda teoría física, por muy diversa que fuera de otra, se basaba en algo simple que todas tienen un común: la materia existe. Este ordenado mundo material lo desordenó Max Planck con la teoría cuántica, que en el siglo XX causó revuelo y se entrometió, no sólo en la ciencia, sino en la filosofía y la religión.
Durante mucho tiempo se visualizó al átomo como una especie de pequeño sistema solar, con un núcleo formado de protones y neutrones, alrededor del cual giraban, cual planetas en órbita, los electrones. Pero Planck descubrió dos cosas:

1)      Los electrones, a pesar de tener velocidad y movimiento, no tienen órbita que rija su movimiento.

2)      En cualquier momento, el electrón recibe más carga y sin previo aviso sale de su supuesta “órbita” y entra a otra con diferente velocidad y movimiento; ese brinco es inexplicable y la nueva órbita incognoscible. A eso le llamamos salto cuántico.

Más adelante se fueron descubriendo más cosas; la más importante de todas, que la materia no existe, sólo es energía compactada, o algo a lo que podemos llamar Materiaenergía. Tradicionalmente se pensaba que el átomo era la partícula más pequeña de materia y que era indivisible; luego se descubrieron partículas más pequeñas; los electrones, protones y neutrones, y se presumieron como indivisibles también; la más pequeña porción de materia.

Hoy sabemos que estos componentes del átomo también son divisibles en fragmentos más pequeños que reciben el nombre de “quarks”; y si estos se dividen tenemos energía pura. Conclusión: la materia no existe, todo lo que hay es energía con diversos niveles de condensación y vibración que nuestros sentidos interpretan como materia…, lo que nos devuelve unos 2.500 años en el pasado, cuando Platón ya decía que el mundo material era un engaño de los sentidos.

De hecho se descubrió que tan sólo el 0.0000000001% del átomo es aparente materia (y por lo tanto energía), pero el espacio restante del átomo que es de 99.9999999999% es total y absoluto espacio…, el átomo es esencialmente nada, y lo poco del átomo que es algo, no es otra cosa que bloques de energía llamados “quantum”.


Así pues, TODO, absolutamente TODO es energía, y nuestro mundo es lo que llamamos una ilusión cuántica percibida por la velocidad de percepción de nuestros sentidos. Por ejemplo, el oído humano es capaz de escuchar sonidos de vibraciones entre 16 y 16,000 hertz; un sonido por debajo o por encima de ese umbral no lo escucharemos, pero no quiere decir que no exista, y el mejor ejemplo son los silbatos para perros, cuyo oído esta capacitado para recibir vibraciones más agudas y es por eso que escuchan un ruido estridente ahí donde el humano no oye nada.

Si bajo este esquema nos preguntamos el origen del universo, tenemos que la energía ha existido siempre y estamos de nuevo sin un principio, y nuestra limitada mente es incapaz de comprender, siquiera concebir el concepto “desde siempre”, pero esa es, lamentablemente, la respuesta; la energía siempre ha estado ahí y sólo se ha estado transformando.

De las consecuencias filosófico-religiosas de esta teoría es mejor ni hablar pues no acabaríamos nunca. Sólo dejo dos interrogantes para las mentes inquietas.

1)      Si todo es energía en todo el universo y la energía es finalmente igual entre si, ¿qué es el alma, dónde está y en qué se diferencia de nuestro cuerpo?

2)      Si todo es energía y ésta existe desde siempre y el mundo, el universo mismo y nosotros somos energía ¿eso es Dios y somos parte de él, la parte consciente?

He aquí la revolución que significa la teoría cuántica.


La vida al borde del CAOS

Desde que nuestro amigo Newton formuló sus leyes supuestamente universales, la ciencia se ha basado en la llamada mecánica clásica y el método científico de hipótesis, experimentación y comprobación. Es decir, la ciencia se basa en la posibilidad establecer leyes. Hasta ahora, el desarrollo y el progreso se basan en la ciencia, y la ciencia a su vez se basa en la posibilidad de hacer modelos, es decir, esquemas donde las cosas se repiten, donde los hechos se pueden predecir, donde a través de actos individuales deducimos actos universales.

Esto se basa en la creencia tradicional de que el pasado tiende a repetirse; es decir, lo que ha pasado antes, seguirá pasando así (método científico). A esto lo podemos llamar también métodos lineales, que se pueden predecir con ecuaciones lineales. Toda la confianza de la humanidad, desde hace 250 años, está puesta en la ciencia y sus predicciones lineales, ya que así nos sentimos en un mundo seguro y con sustento.

La teoría de Caos, propuesta por el meteorólogo Lorenz, nos dice: la regla es que no hay regla; es decir, nos presenta sistemas caóticos o NO lineales; es decir, sistemas donde el pasado no establece ninguna regla para el futuro. Nos enfrenta al hecho de que no todo es predecible; peor aún, demuestra que casi todo aquello que nos parece lineal y esquemático, es en realidad caótico a largo plazo y entonces el caos es la base de la existencia.

Imaginemos lo siguiente: una mesa de billar con la bola blanca y la bola ocho y pensemos en un problema típico de la materia de física de la secundaria. Si yo golpeo la blanca, que tiene cierto volumen y masa a cierta velocidad con un taco de cierto tamaño, a determinada inclinación, con X fuerza y en una determinada dirección; la bola seguirá cierto recorrido hasta impactar con la otra produciendo su desplazamiento. En teoría y bajo los esquemas clásicos, si yo pudiera en laboratorio repetir este acto mil veces con las mismas características la bola blanca haría el mismo recorrido de forma idéntica hasta impactar con la ocho de la misma forma y producir en ella el mismo desplazamiento.

Pues esto es totalmente falso y lo más probable es que casi nunca se de el mismo efecto. ¿Por qué? Supongamos que hay una minúscula pelusa de fieltro que se interpone en el camino de la bola blanca; nada grave en apariencia. Pues eso puede cambiar todo de forma insospechada, quizás no a corto plazo, pero si la mesa de billar fuera cósmica, enorme, comenzaríamos a ver el caos causado por un factor insignificante.

Eso mismo pasa con el clima, ciencia en la que Lorenz comenzó a desarrollar la teoría del caos. El clima es impredecible por que hay muchos factores y la más mínima alteración de variables puede generar cambios insospechados. Es por eso que se suele resumir la teoría del caos con la famosa frase: “El aleteo de una mariposa en Australia puede generar un ciclón en Tokio”…, el Efecto Mariposa.

Apliquemos esto al universo, es más limitémonos a nuestro sistema solar del cual creemos saber todos sus movimientos y pensamos que los planetas siguen una órbita trazada con cierto movimiento y que nunca harán colisión unos con otros. Pues con los planetas pasa como con los electrones y sus saltos cuánticos: dicen los que saben que si proyectamos el movimiento de Plutón y Saturno a miles de años, en efecto, permanecen en orden, pero si la proyección es a millones, resulta que chocan entre si; de hecho, a muchos millones chocan todos los planetas del sistema.

¿A qué nos lleva esto? A entender que lo que llamamos orden es sólo una ilusión cronológica. Los sistemas lineales y ordenados lo son por un lapso, pero proyectado a futuro resulta que no hay orden, simplemente es imposible predecir qué pasará a partir de cierto punto, pero el caos se hace cada vez más caótico.

Entonces digamos que el efecto CAOS es simplemente la teoría de que la más mínima variación al nivel más bajo, terminará por provocar cambios impredecibles. Un error de un dígito en el decimal 40 de una operación, a la larga, generará inestabilidad incontrolable. Esto aplica a todos los niveles de la vida y nos lleva a la terrible conclusión de que el orden no existe, por lo tanto la naturaleza no es tan perfecta, de hecho no es nada perfecta; así es que no hay orden cósmico.

En términos científicos significa que nada es predecible a la larga; en términos religiosos significa que no hay plan divino, y en términos filosóficos significa que la vida no tiene sentido; el mundo es incognoscible. O la base de todo, tal y como dijo Anaximandro hace más de 2,500 años, es el APEIRÓN…, es decir: lo INDETERMINADO.