viernes, 15 de marzo de 2013

¿Cómo la Reserva Federal podría enmendar la economía, y por qué no lo ha hecho?



Publicado el 24 de febrero de 2013 por Ellen Brown

La flexibilización cuantitativa (QE por sus siglas en inglés) supuestamente estimula la economía mediante la adición de dinero a la oferta monetaria, incrementando la demanda. Pero, hasta ahora, no ha funcionado. ¿Por qué no? Porque, tal y como se ha llevado a cabo en las dos últimas décadas, el QE de hecho no aumenta la oferta de dinero en circulación. Simplemente limpia los balances contables tóxicos de los bancos. Un verdadero ‘lanzamiento desde un helicóptero’ que pone el dinero en los bolsillos de los consumidores y los negocios, todavía no se ha probado. ¿Por qué no? Otra buena pregunta…

Cuando Ben Bernanke dio su famoso discurso del ‘dinero helicóptero’ a los japoneses en 2002, aún no era director de la Reserva Federal. Entonces dijo que el Gobierno fácilmente podía revertir una deflación, sólo mediante la impresión de dinero para luego dejarlo caer desde helicópteros. «El Gobierno de los Estados Unidos tiene una tecnología, llamada imprenta (o, hoy en día, su equivalente electrónico)», dijo, «que le permite producir tantos dólares como desee por prácticamente ningún costo». Más adelante en el discurso habló sobre «un recorte de impuestos financiado con dinero», del que dijo era «esencialmente el equivalente al famoso ‘lanzamiento de dinero desde un helicóptero’ de Milton Friedman». La deflación podía ser curada, dijo el profesor Friedman, simplemente dejando caer dinero desde helicópteros.


Parecía lo suficientemente lógico. Si la oferta monetaria no era suficiente para suplir las necesidades del comercio, la solución era añadirle dinero. La mayor parte del dinero circulante se compone de ‘crédito bancario’, creado por los bancos cuando otorgan préstamos. Cuando los préstamos antiguos se pagan más rápido que la velocidad a la que se otorgan nuevos préstamos (como está ocurriendo hoy en día), la oferta monetaria se reduce. El propósito del QE es el de revertir esta contracción.

Pero si la deflación de la deuda es tan fácil de enmendar, entonces ¿por qué los intentos masivos de la Reserva Federal de llevar a cabo esta maniobra no reanimaron la economía? ¿Y por qué Japón sigue sufriendo de deflación tras 20 años de flexibilización cuantitativa?

A nivel técnico, la respuesta tiene que ver con a donde va el dinero. La creencia generalizada de que el QE está inundando la economía con dinero es un mito. Prácticamente todo el dinero que crea simplemente se asienta en las cuentas de reserva de los bancos.

Esa es la explicación técnica, pero el motivo subyacente puede ser algo más profundo…


Un Intercambio de Activos no es ‘Lanzar Dinero desde un Helicóptero’

Como el QE se practica en el presente, el dinero creado en una pantalla de computador nunca llega a la economía real y productiva. Va directamente a las cuentas bancarias de reserva, y se queda allí. A excepción de la pequeña cantidad de ‘efectivo en caja’ disponible para su retiro de los bancos comerciales, las reservas bancarias no salen de las puertas del banco central.

Según Peter Stella, ex jefe de las Divisiones de Operaciones Monetarias y Cambio de Divisas y de Banca Central en el Fondo Monetario Internacional:
Los bancos no prestan ‘reservas’ [...] Ya sea que los bancos comerciales permitan que las reservas que han adquirido a través del QE permanezcan ‘inactivas’, o las presten en el mercado bancario de Internet 10.000 veces en un día entre ellos, las reservas totales en el banco central al final de ese día serán las mismas.
Este punto también es destacado en la teoría monetaria moderna. Según lo ha explicado el profesor Scott Fullwiler:
Los bancos no pueden ‘hacer’ nada con todas esas reservas adicionales. Los préstamos crean depósitos, las reservas no financian los préstamos o añaden ‘combustible’ alguno a la economía. Los bancos no prestan sus reservas, salvo en el mercado de fondos federales y, en ese caso, la Reserva Federal siempre proporciona las cantidades suficientes para mantener la tasa de fondos federales en su [...] tasa de interés objetivo.
Las reservas simplemente se utilizan para compensar las cuentas entre los bancos. Se mueven de una cuenta de reserva a otra, pero el total de dinero en las cuentas bancarias de reserva se mantiene intacto. Los bancos pueden prestarse sus reservas unos a otros, pero no pueden prestárnoslas a nosotros.

El QE como se practica actualmente, no es más que un intercambio de activos. El banco central intercambia dólares recién creados por los activos tóxicos que afectan las hojas de balance de los bancos comerciales. Esta estratagema mantiene a los bancos a salvo de la quiebra, pero no hace nada por las finanzas de los gobiernos federales o locales, los consumidores o las empresas.

¿Ignorancia del Banco Central o Sabotaje Intencional?
Otra Mirada a la Experiencia Japonesa

 

Esto nos lleva al motivo. Veinte años es mucho tiempo para repetir una política que no está funcionando.

El profesor del Reino Unido, Richard Werner, inventó el término flexibilización cuantitativa cuando estaba asesorando a los japoneses en la década de 1990. Él dice que tenía algo muy diferente en mente de lo que es la práctica actual. Tenía la intención de que el QE incrementara el crédito disponible para la economía real. Hoy día, dice:

Todo lo que el QE está haciendo, es ayudarle a los bancos a incrementar la liquidez de sus carteras mediante la eliminación de activos de más largo plazo un poco menos líquidos y recaudar dinero en efectivo [...] La expansión de las reservas es una política monetarista estándar y no requería de una nueva etiqueta.

Werner afirma que el Banco de Japón (BOJ por sus siglas en inglés) intencionalmente saboteó su propuesta, adoptando su lenguaje, pero no su política, y otros bancos centrales han adoptado el mismo enfoque desde entonces.

En su libro Princes of the Yen (2003), Werner sostiene que en la década de 1990, el Banco de Japón frustró constantemente los intentos del Gobierno por crear una recuperación. Como se resume en una reseña del libro:

La desaparición de los militares en la posguerra desencadenó una lucha de poder entre el Ministerio de Hacienda y el Banco de Japón por el control de la economía. Mientras que el Ministerio se esforzó por mantener el sistema económico controlado que creó el milagro económico de Japón en la posguerra, el banco central conspiró para apartarse del Ministerio al regresar al libre mercado de la década de 1920.
… Ellos calcularon que el sistema económico de tiempos de guerra y los amplios poderes legales del Ministerio de Hacienda sólo podían ser derrocados si había una gran crisis, una que se le pudiera atribuir al Ministerio. Mientras que los observadores asumieron que todos los gestores de políticas habían estado intentando todo lo posible para poner en marcha la economía de Japón durante la última década, la sorprendente verdad es que una institución clave ni siquiera se esforzó en absoluto.

Werner afirma que el Banco de Japón no sólo obstaculizó la recuperación, sino que de hecho creó la burbuja que precipitó la crisis:

Esos banqueros centrales que estaban a cargo de las políticas que prolongaron la recesión, eran las mismas personas que fueron responsables de la creación de la burbuja… [Ellos] le ordenaron a los bancos expandir agresivamente sus préstamos durante la década de 1980. En 1989, [ellos] de repente endurecieron sus controles de crédito, por ende derribando el castillo de naipes que antes habían construido…
Con los bancos paralizados por deudas incobrables, el banco central tenía la llave para una recuperación: sólo este podía intervenir y crear más crédito. Y no lo hizo, y por lo tanto, la recesión continuó durante años. Gracias a la larga recesión, el Ministerio de Hacienda se desmoronó y perdió sus facultades. El Banco de Japón se hizo independiente y su poder se ha convertido en legal.

En los Estados Unidos, también, el banco central tiene la llave de la recuperación. Sólo que puede crear más crédito para la economía en general. Pero revertir la recesión está al final de la lista, mientras se resucita a los bancos zombis, manteniendo el dominio feudal de una oligarquía financiera privada.

En Japón, curiosamente, todo esto puede cambiar con la elección de un nuevo Gobierno. Como se informó en un artículo de enero de 2013 en Business Week:

Shinzo Abe y el Partido Liberal Democrático (PLD) llegaron de nuevo al poder a mediados de diciembre con la promesa de una mezcla de alto octanaje de política monetaria y fiscal para sacar a Japón de su trayecto de dos décadas de miseria económica. Para llegar allí, el primer ministro Abe está amenazando con una toma de posesión hostil del Banco de Japón, el banco central de la nación. Los términos de desistimiento pueden ser algo como esto: A menos que el Banco de Japón esté de acuerdo con una inflación objetivo del 2%, y amplíe su presente operación de compra de bonos del Gobierno, el gobernante PLD podría impulsar unos nuevos estatutos del banco central a través de la Dieta japonesa. Estos estatutos disminuirían enormemente la independencia del Banco de Japón para establecer la política monetaria, y le permitirían al primer ministro remover a su gobernador.

De un Banco de los Banqueros a un Banco del Gobierno

 

Hacer que el banco central le sirva a los intereses del Gobierno y el pueblo no es una idea nueva. El profesor Tim Canova señala que los bancos centrales sólo hasta tiempos recientes han sido declarados como independientes del Gobierno:

La independencia realmente ha llegado a significar un banco central que ha sido capturado por los intereses de Wall Street, intereses bancarios muy grandes. Puede que sea independiente de los políticos, pero eso no quiere decir que sea un árbitro neutral. Durante la Gran Depresión y en la salida de ella, la Reserva Federal recibió indicaciones del Congreso. A lo largo de toda la década de 1940, la Reserva Federal, no era independiente en la práctica. Recibía sus órdenes de funcionamiento de la Casa Blanca y el Tesoro, y fue la década más exitosa en la historia económica estadounidense.

Para liberar al banco central de la captura de Wall Street, el Congreso o el presidente podrían seguir el ejemplo de Shinzo Abe y amenazar con una toma de posesión hostil de la Reserva Federal, a menos que esta dirija su manguera de crédito hacia la economía real. La ilimitada, y casi sin intereses, línea de crédito a disposición de los bancos, debe estar a disposición de los gobiernos federal y local.

Sin embargo, cuando una sugerencia similar fue hecha a Ben Bernanke en enero de 2011, este dijo que carecía de la autoridad para cumplir. Si eso era lo que el Congreso quería, dijo, este tendría que cambiar la Ley de la Reserva Federal.

Y eso es lo que tal vez haya que hacer, reescribir la Ley de la Reserva Federal para que le sirva a los intereses de la economía y la gente.

Webster Tarpley señala que la Reserva Federal les entregó 27 billones de dólares a las instituciones financieras a través de la TAF (Term Asset Facility), el TALF (Term Asset-backed Securities Loan Facility) e instrumentos similares. Él propone un Fondo para la Infraestructura que otorgue créditos en las mismas condiciones a los gobiernos estatales y locales. Este podría ofrecer comprar 3 billones de dólares en bonos de interés cero (zero-coupon bonds) a 100 años, el mínimo que se necesita actualmente para reconstruir la infraestructura del país. La garantía que respaldaría a estos bonos sería más sólida que los papeles comerciales de los bancos zombis, ya que estaría conformada por las carreteras, puentes y otra infraestructura tangible construida con los préstamos. Si los emisores de los bonos incurrieran en moratoria, la Reserva Federal tomaría la infraestructura.

La flexibilización cuantitativa tal y como se practica hoy en día, no está diseñado para servir a la economía real. Está diseñada para servir a los banqueros que crean el dinero como deuda y lo alquilan a cambio de una tarifa. El poder del dinero necesita ser restaurado a la gente y el Gobierno, pero necesitamos de un ejecutivo y legislativo dispuestos a enfrentarse a los bancos. Un movimiento popular podría darles el impulso necesario. Mientras tanto, los Estados podrían constituir sus propios bancos, los cuales podrían apalancar sus grandes capitales y base de ingresos en créditos para la economía local.

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Ellen Brown es abogada y presidenta del Public Banking Institute (Instituto de la Banca Pública). En Telaraña de Deuda, su último de once libros, muestra cómo un cartel privado ha usurpado el poder de crear dinero de manos de la propia gente, y cómo esta puede recuperarlo. Su libro The Buck Starts Here: Restoring Prosperity with Publicly-owned Banks será lanzado esta primavera.

Sus sitios web son telaranadedeuda.wordpress.com, www.webofdebt.com, www.ellenbrown.com y www.publicbankinginstitute.org

Fue conferencista de TEDxNewWallStreet 2012 en Mountain View (California).

El Public Banking Institute celebrará una conferencia del 2 al 4 de junio de 2013 en San Rafael, California. Detalles aquí.

Telaraña de Deuda ha sido publicado por la editorial RANDOM HOUSE MONDADORI bajo el sello DEBATELes invitamos a leerlo haciendo clic aquí aquíEnvíos a todo el mundo. 


Traducción por Andrés Celis.

Fuente: Telaraña de Deuda/wordpress