miércoles, 3 de julio de 2013

Pelé, el ídolo, repudiado


“Callado, Pelé es un poeta.”

En los noventa Romario, figura de la selección brasileña de futbol en el mundial de Estados Unidos, soltó esa frase. Ahora –en medio de las protestas populares en Brasil– la repitió.

Diputado federal por el Partido Socialista Brasileño, Romario ha retomado la voz de los futbolistas que se suman a la ola de protestas que sacuden a su país y que condenan los gastos –17 mil millones de dólares de orígenes público y privado– de preparación del Campeonato Mundial que se celebrará en 12 ciudades de Brasil el próximo año, pese a que su partido forma parte de la coalición que respalda a la presidenta Dilma Rousseff.

El mundo futbolístico no es ajeno a las manifestaciones que sacuden a todo el país y que van dirigidas contra la clase política y a favor de mejoras en los servicios públicos y rebajas en las tarifas del transporte.

“Lo repito ahora. Antes lo dije hablando sobre el Mundial de 1998, pero ahora lo repito: Callado, Pelé es un poeta. No está entendiendo nada de nada de lo que está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo lo vengo avisando hace años: la FIFA no pagará ningún impuesto y no tendremos legado para el pueblo, que infelizmente no podrá pagar las entradas para ver el Mundial, porque la FIFA no organiza un mundial para el aficionado humilde”, afirmó Romario.

Edson Arantes do Nascimento, tres veces campeón mundial, ha sido repudiado por decir, en plena ebullición de la inconformidad popular, que “lo importante es alentar a la selección y no las protestas”.


Pelé siempre coqueteó con el poder. Fue ministro de Deportes del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y ahora es embajador especial de la Copa del Mundo.

Su rostro, con la frase de Romario, apareció en pancartas de algunas manifestaciones en esta ciudad. El rechazo a Pelé se hizo evidente en las marchas organizadas por los comités populares antimundial en las seis ciudades que albergaron la Copa Confederaciones: Brasilia, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Recife, Salvador y Fortaleza.

Otro ídolo del futbol brasileño ha sido criticado por defender la organización del Mundial de 2014 y mantuvo una fuerte polémica con Romario: Ronaldo, El Fenómeno, estrella del Brasil campeón del mundo en 2002. “No se puede organizar un mundial haciendo hospitales”, dijo. Después se disculpó por su dicho y se sumó a las protestas populares, aunque no a las que se oponen a la celebración del certamen.

Ronaldo es un multiusos desde 2010, cuando dejó el futbol profesional. Desde entonces, el máximo artillero de los mundiales se convirtió en miembro del Comité Organizador Local (COL), comentarista de los partidos de la selección para la cadena Globo (dueña de los derechos de transmisión de la FIFA) y agente de imagen del seleccionado Neymar por medio de su firma de mercadotecnia 9ine.

“No vemos problema en la función que está cumpliendo en el COL, que es totalmente voluntaria, sin recibir salario”, dice a Proceso Saint-Clair Milesi, director de Comunicación del Comité Organizador del Mundial.

En su alocución en cadena nacional el viernes 21 tras las manifestaciones que movilizaron a 1 millón de personas –y donde la frase más común en las pancartas fue “Queremos hospitales y escuelas de nivel FIFA”–, Rousseff afirmó que su gobierno “no usó ni un centavo del presupuesto” en el Mundial o en la Copa Confederaciones. “Lo que hicimos fue dar créditos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social a estadios y clubes, créditos que serán cobrados rigurosamente como lo hacemos con todos los préstamos oficiales”, explicó.

Romario y otros críticos sostienen que unos 7 mil millones de dólares fueron gastados en la adecuación de los estadios y que ese dinero provino de algunos presupuestos estatales y municipales.

El gobierno afirma que las obras públicas en las ciudades serán el legado del Mundial. Tales obras están incluidas en el Programa de Aceleración del Crecimiento, el plan de infraestructura con el que Rousseff ganó renombre nacional cuando era jefa de ministros del presidente Lula da Silva.

Callar a la selección

Algunos de los integrantes de la actual selección brasileña se han sumado a las protestas. Antes de que Brasil jugara con México, Neymar, la estrella del equipo, escribió en la red social de Instagram: “Estoy triste por lo que está ocurriendo, porque siempre tuve fe en que no sería necesario llegar al punto de salir a la calle para pedir mejores condiciones de transporte, educación, salud y seguridad, algo que es obligación del gobierno”.

En su mensaje dijo que al partido contra México iba a “entrar al campo inspirado por la movilización”.

En el mismo sentido se manifestaron los también seleccionados Dani Alves y David Luiz.
Pero antes de jugar la semifinal ante Uruguay, el miércoles 19, el plantel brasileño decidió bajar el perfil declarativo y concentrarse en el torneo. La orden partió del coordinador técnico de la selección, Carlos Alberto Parreira, quien afirmó que “futbol y política no deben mezclarse”.

Parreira es uno de los grandes nombres del futbol de Brasil. Fue entrenador de la selección campeona del mundo en 1994 y ayudante técnico de Mario Lobo Zagallo, que logró el subcampeonato en 1998. Además fue el preparador físico de la selección brasileña en 1970, cuando esa escuadra ganó su tercer Mundial.

En ese momento Brasil vivía la peor fase de la represión de la dictadura del general Emilio Garrastazu Médici, quien usó ese torneo para elevar su figura y presentar al equipo de Pelé, Tostao, Gerson, Rivelino y Jairzi­nho como una victoria nacional.

Fuente: Proceso